miércoles, 19 de diciembre de 2012

Viaje En Metro


Abordo las líneas y dan la partida
pensando en lo rutinaria que es la vida
acompañado de los que me ignoran
pero compartiendo el tiempo que reflexionan.

El paisaje puede ser negro o gris
mientras en los altavoces suena un bis,
da igual ir de pie o estar sentado
aunque prefiero crecer para no ser prejuzgado.

Por la mañana apretones de indiferencia
la cara somnolienta tiene la mayor audiencia,
para entrar se necesita de entereza,
y pensar que hay miles de almas pisándonos la cabeza.

A veces encuentro entre miradas extraviadas
a la princesa fuera del cuento de hadas,
así se inicia una historia de amor e ilusión
que perdura hasta que ella pisa su estación.

También puedo ver el mal acontecer de una pareja,
la mujer que autoadjudica derecho de una L y se queja,
por contraste hay abrazos que se adornan de alegría
y hombres que han salido de casa con cortesía.

¿De qué sirve un mal momento?

Aparte de depositarnos una moraleja que esconde una gigante queja, tiene la utilidad de hacernos conocer a la gente que nos rodea y a veces no sabemos ver, porque a algunos les dejamos en una nube y a la hora de buscarles están abajo y la escalera ya no sube. Muchos regalan su presencia cuando el triunfo es un motivo aunque cuando la derrota se inserta en casa, solo hay fugitivos. Gracias al mal momento me doy cuenta de la situación de los enmascarados que intentan adornar la despreocupación con excusas compradas en un "todo a quinientos" haciendo que las palabras de un día se marchen con el viento. Gracias al pesimismo nacen los cuestionamientos de pensar en un supuesto cariño construido del cual se caen los cimientos, instancia que pone en duda la forma de ser en compañía del apoyo, comprensión y tiempo entregados, fácil creerlo si la respuesta no apareció cuando el alma lo ha necesitado. Gracias a la caída sé quienes me dan sustento para que el impacto no sea un tormento, mientras descifran la fórmula para plasmar la última vocal en la boca que es una tarea compleja y única de realizar. Gracias a la desdicha conozco a la reciprocidad, quizás en su mínima expresión pero soy feliz de que sea de verdad.

Mi Fiel Acompañante


Ella está conmigo desde no sé cuando,
es el coro de fondo cuando estoy cantando,
ella entiende todos mis lenguajes,
siempre me ayuda a cargar las maletas después del viaje,
ella como piedra en el camino y, una vez más, mi pie tropieza,
es quien conoce todas mis muecas de tristeza,
darle la mano es la acción más temida,
aún así es mi amante de toda la vida,
se acuesta y duerme a mi lado,
me doy cuenta al extender la mano y el aire he rozado,
cuando quiero abrazarle es un homenaje a la nada,
y cuando intento mirarle a los ojos se me pierde su mirada,
de todas formas para donde mire su sensación la evidencio,
es como la gota del lavabo que cae en el silencio,
a veces por las noches mi alma le maldecía,
pero sigue siendo la oración y el pan de mi día,
compone el acto que menos esperamos de la función,
es una silueta que solo se mueve en mi habitación,
ella es la envidia prominente al momento de ver una pareja,
intolerante con el beso ageno que tanto le acompleja,
mi orgullo pronuncia al mundo que soy más fuerte que ella,
sabiendo que cuando estoy solo una lágrima me atropella,
no hemos firmado y ya hemos contraido un casorio,
sin duda, su presencia es una tarde con sabor a velorio
ella es lo mejor que te puede pasar, dicen los lerdos,
cuando se traduce como la pista donde aterrizan los recuerdos,
es el recordatorio de todos mis amores pasados,
y la posterior recriminación por haberles enterrado,
hoy en día ella es mi única verdad,
se las presentaré, su nombre es soledad.