viernes, 3 de octubre de 2008

A Su Majestad



Se hace llamar por medio de alteza,
quien es más normal que nosotros,
sus puntas de oro no son grandeza,
ni lo hacen extraordinario ante otros.

Contiene una gran descendencia,
que tanto caos ha sembrado,
lo medieval sinónimo de inconciencia,
por la ambición de algo haber ganado.

Yo le escribo en castellano,
lo que en aborigen usted no podría,
porque ensangrentada tiene la mano,
de atacar el lugar que jamás a llegar se atrevería.

El mineral dorado de pacífico lugar,
es la evidencia de su guerra a la paz,
aprovecharse de gente sin pecar,
en la culpa de su mentalidad incapaz.

Defendiendo a su tierra propia,
sin contar con la sacrificada población,
que a sus salvajes ordenes copia,
y dando muerte al pacifista que ponga negación.

Usted que sigue los mandamientos de Dios,
cuando con una orden quiebra todo,
crea un nuevo pecado sin designios,
pero en sínico santo día disculpa cada modo.

A su patria en madre convirtió,
pero dejando a hijos sin reconocer,
ese material y poder que tanto ansió,
ladrón de corona, capa en un trono hay que ver.

Marcelo Vallejos

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