Te esperé contrastado por las gotas,
sentado con la corona de los idiotas,
la ilusión caía como la lluvia torrencial
y quedaba sepultada bajo el barrial.
Te esperé reteniendo a la esperanza
que por no verte hacía su mudanza,
tu ausencia un laberinto del que no salí,
pero aún sigo aquí esperando por ti.
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